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viernes, 7 de mayo de 2010

24 HORAS SOLIDARIAS NON-STOP PARQUE DE LA BREÑA

El pasado sábado 1 de mayo realicé las “24 horas non-stop del Parque de la Breña”. Una prueba de ultrafondo consistente dar vueltas a un circuito de 25 Km durante 24 horas en condiciones de autosuficiencia alimenticia, es decir, la comida tienes que proporcionártela tu mismo. Durante las 24 horas podías estar en el circuito o en la zona de descanso durmiendo, comiendo o haciendo lo que te viniera en gana. No estar en uno de esos 2 lugares en algún momento de las 24 horas suponía la descalificación. Sólo contaban las vueltas completas. Esta prueba la hice en compañía de amigos del “Club de Ultrafondo Pretorianos de Tomares”
Varios hechos acontecían en esta carrera que la hacían diferente a la mayoría: vueltas a un circuito en lugar de un recorrido en línea, autosuficiencia alimentaria en lugar de avituallamiento y arena, mucha arena, pero que mucha arena… Además, para mí iba a ser la primera vez que me enfrentaba a una larga distancia.
Esta carrera empieza muchos días antes del pistoletazo de salida: los preparativos ¿Qué ropa me llevo? ¿Qué comida me llevo? Respecto a la ropa. Mejor cargar con peso a que te falte algo: mallas de todos los largos, camisetas de todos los largos, calcetines, bragas, gafas –con cristales tornasolados y blancos-, gorras, guantes, impermeable, cortavientos, repelente de mosquitos, protección solar, frontal, analgésicos, toallitas, saco de dormir, esterilla, toalla, vaselina y mi hijo, que si se descuida, también lo meto en el petate. ¿La comida? Dos tipos de comida: comida para consumir en marcha y comida para el descanso. Todo queda preparado el viernes por la tarde.
5:30 de la mañana del sábado 1 de mayo. Salimos en coche desde Tomares en dirección a las inmediaciones de Barbate desde comenzará la prueba. Buena carretera, buena temperatura, sin tráfico. Llegamos sin ningún tipo de contratiempo a Barbate dónde paramos a desayunar, saludar a algunos compañeros de otros clubes (Lentos de Torreblanca) y dirigirnos al Club Los Veteranos, anexado al Parque Natural de La Breña, origen y final de la prueba.
A las 10:00 de la mañana da comienzo la prueba. En nuestras cabezas conseguir las 4 vueltas al circuito y recoger la ultrapiña, el trofeo que así lo acreditaría. Avisados de las dimensiones de los mosquitos del paraje, los “F-16”, nos aseguramos de rociarnos bien con el antimosquitos y por aquello del sol, con la protección solar.
Los dos primeros kilómetros, un cortafuego en subida salido de las mismísimas entrañas del desierto del Teneré. Eso significa, arena, mucha arena. Primera enseñanza para el novato, un servidor, y para el que la quiera recoger. A una prueba con arena no se llevan zapatillas de “running” clásicas. El “caladito” del tejido está bien para ventilar el pie pero, amigo, en arena, tendrás que competir con ella para darle cabida a tu pie en las zapatillas. Segunda enseñanza para el novato en este tipo de pruebas con arena. Las mejores polainas son un calcetín ejecutivo o media recubriendo la zapatilla. ¿Cómo? Pues eso, coges un calcetín o media y te los pones por encima de la zapatilla “talmente” como si fuera tu pie. La primera vuelta tenía que parar cada vez que llegaba a un tramo sin arena para devolver a la madre naturaleza lo que tan graciosamente me había entregado y poder andar de manera normal. Aquí tengo que agradecerle a Rafa Iza, Pretoriano de Tomares, que había hecho el circuito algunos meses atrás, las indicaciones expertas de cuando llegaba el terreno propicio para el cambio.
Seguimos, subido el cortafuegos se crean los grupos naturales. Rafa nos comenta que hay bastante más arena que la última vez que el hizo el recorrido. Aquí la experiencia es un grado y ya desde los primeros kilómetros de la prueba iba comentando que el recorrido era muy exigente y que sólo tras la primera vuelta al circuito podríamos evaluar el número de vueltas objetivo que podíamos acometer.
Nuestro grupo avanza en el circuito y vamos aplicando ‘nombres’ a los distintos tramos: cortafuegos, bosque de pinos, acantilado, zona técnica, subida de 2 Km, arenal en peralte, pista en bajada, “costa de los mosquitos”, piedras y revueltas. Esta primera vuelta es un poco más larga pues la organización nos hace subir a un mirador desde el que se ve el doble atolón de Trafalgar, ¡precioso!. También coincidimos algunos kilómetros con un grupo del club “Los últimos Sus murais”.
Aquí llegó un momento de paranoia porque no había mucho tiempo: cambio de algunas prendas de ropa, comer algo, más bien poco porque el estómago empezaba a cerrarse, recargar depósito de agua y a la segunda vuelta.
Andrés, Pretoriano de Tomares y mi pareja hasta el final de la prueba, empieza a contarme los peligros de correr de noche: la falta de visibilidad, lo largas que se hacen las distancias, la desaparición en algunos momentos de la tercera dimensión, el riesgo de perderse, el sueño, etc. Vamos que si me parecía poco con lo que teníamos después vendría ración doble. Vamos haciendo hipótesis sobre si alcanzaríamos las 4 vueltas y llegamos a la conclusión que no lo sabríamos hasta que empezáramos la 3ª. Casi al final de la 2ª vuelta nos adelanta Chema, Pretoriano de Tomares, corriendo cual cabra montesa por una zona de “puritita” piedra. Andrés y yo nos miramos y soltamos al unísono un “es un máquina”. Acabamos la 2ª vuelta con un ritmo bastante decente y justo antes de que anochezca. Son las 9:30 de la noche.
Nuevo cambio de ropa, esta vez más complicado: manga larga por arriba y por abajo y en lo queda libre protección antimosquitos, hay miedo a los “F-16” que empezaron a salir de sus bases al anochecer. Intentamos comer lo que nuestro estómago nos permitió.
Tercera vuelta. La noche. Acontecimiento surrealista. En medio de la noche, precedido por la luz a toda velocidad de un frontal, aparece un corredor con un “tupper” abierto –mejor dicho, sin tapa- de papas aliñas. Se pone a nuestra altura y nos pregunta, “¿queréis?”. “No, gracias”. Y sale a toda leche mientras no para de comer papas. Andrés y yo nos miramos y soltamos al unísono un “es un máquina”.
Todo lo que me había contado Andrés era cierto. El cortafuegos de 2 Km me pareció de 5 Km. Y nada más salir de ese tramo Andrés se percata de la existencia de un alacrán de unos 15 cm. en medio de la pista. Lo aparta. El alacrán sirvió de trampolín a Andrés para empezar a meter el miedo en el cuerpo al novato, un servidor: que si un alacrán te pica no lo cuentas, que las víboras y demás bichejos hacen su vida por la noche, que nunca se sabe si cuando se asustan se marchan o les da por atacarte, que si aparece Isidro te cuenta una historia de “cuando era chico” y vivía en una casa encantada que te vas a cagar vivo, etc. Menos mal que cambió el tercio y empezó a contarme cosas sobre las estrellas, los movimientos de las ramas de los árboles, etc. Después de requerir casi 2 horas para los primeros 5 Km llegamos a la conclusión de que no es factible la 4ª vuelta, no hay tiempo. Los depósitos del cuerpo empiezan a agotarse y nos vemos obligados a hacer un par de paradas más largas para comer. Empieza a caer la temperatura junto con el relente. Empezamos a notar los efectos del sueño. Andrés dice que ve perros en las cunetas de la pista y otras cosas raras. Afortunadamente, en esa fase de cansancio, se le enciende una bombilla y se da cuenta de que nos hemos equivocado de camino. No sólo se da cuenta sino que sin retroceder es capaz de enlazar con el camino correcto. Me digo a mi mismo, “es un máquina”.
Entre una cosa y otra, luchando contra el sueño y los dolores que ya hacían mella llegamos al final de la tercera vuelta en el más absoluto de los silencios. Al llegar a meta unas voluntarias -¡qué ti@s y qué mérito esta gente!- nos ofrecen un café que nos sabe a gloria. Ducha, visita al podólogo y/o fisioterapeuta y… a esperar a las 10:00. Hasta esa hora no podemos abandonar el área de descanso so pena de quedar descalificado. Charlamos y comemos con otros participantes hasta esa hora.
A las 10:00 nos vamos a desayunar hasta el momento de recoger nuestros premios: la piña de oro que acredita las tres vueltas.
¿Qué me llevo de estas 24 horas non-stop de La Breña? Muchas, pero que muchas cosas. La participación en una prueba de estas características y mono por volver a rebasar mi límite como no lo he tenido nunca. Un conocimiento personal de mi mente y mi cuerpo llevados a lo que para mi actualmente era un extremo. La experiencia en mi propia carne de porqué los “Pretorianos de Tomares” son algo más que un club de ultrafondo y ese algo es inimitable. Muchas cosas aprendidas para las siguientes.
¿Os venís el año que viene?

1 comentario:

runner48 dijo...

Yo estaré seguro ;)
Enhorabuena!!!!